QUINTO TALLER: Identidad de género e integral

 

Propósito:


Que las participantes tomen conciencia de que existen identidades que se construyen y que se pueden cambiar.
 

Objetivos:


Al finalizar el taller las participantes estarán en capacidad de reconocer que es posible la construcción de una identidad propia, elegida a su voluntad.
 

Guía:

  1. Reseña ordenada y sistemática de lo tratado en los talleres precedentes.
  2. Actividad práctica a partir de las experiencias de las participantes. Sobre la definición de identidad. ¿Quién soy? Se abre la participación a partir de la definición sencilla de identidad.
  3. Exposición general sobre identidad de género, identidad con la que nacemos, identidad asignada, conflicto de identidades y construcción de identidades.
  4. Actividad práctica.  Reflexión en grupos sobre: • Las identidades con las que nacemos y  • Las identidades asignadas.  Se forman los grupos y se abre la reflexión a partir de las preguntas: • ¿Cuáles son las identidades con las cuales nacemos?  • ¿Cuáles son las identidades que podemos cambiar?  Se recomienda colocar papelones con las preguntas en un lugar visible y usar tarjetas para la posterior visualización de los resultados en plenaria.
  5. Plenaria. Debe hacerse énfasis en: Qué es lo importante en cuanto a las identidades asignadas y qué identidades quieren las participantes elegir.
  6. Cierre del taller.

 

Aportes para la reflexión

 

Identidad de género

  1. ¿Qué es la Identidad?

  2. La identidad es el conjunto de características y cualidades que tiene cada persona y que la hacen diferente a las demás.
  3. ¿Qué es la Identidad de Género?

  4. La identidad de género es el conjunto de características sociales y culturales que asigna cada sociedad a las mujeres y a los hombres a partir de sus diferencias de sexo, para que sean y actúen expresando y reafirmando esas diferencias.
    A continuación, presentamos tres elementos claves que se relacionan co la identidad de género, para incorporarlos a la reflexión:
    1. En la gran mayoría de los casos, las mujeres tenemos la costumbre de definir todo lo que somos y todo lo que hacemos en relación a las diferentes identidades que componen nuestro rol reproductivo, como por ejemplo: “ser amas de casa”, “cocinar, “ser madres”...
    2. En una buena parte de los casos, las mujeres sentimos que somos, existimos y actuamos más que nada en relación a otras personas, por ejemplo: “atender a los hijos”, “criarlos”, “ser esposas”, “abuelas” o para servir a los demás.
    3. En general, las mujeres tenemos pocas ideas sobre lo que somos o lo que hacemos sin necesidad de otros,como sería el caso de ser: “mujer”, “ciudadana”, “ser humano”, “mujer organizada”...
En la siguiente página se presentan algunas ideas equivocadas sobre nosotras mismas que podemos cambiar.  Para eso, debemos dejar de pensar y actuar en base a ellas.
 
 
Ideas y acciones que debemos cambiar:
  • Pensar que las mujeres no somos “seres completos” y siempre necesitamos a alguien para “estar completas”.
  • Pensar que “para que nos den un lugar en el mundo”, tenemos que servir a todo el mundo primero, olvidándonos de nosotras mismas.
    • Cuidar la salud de todos, menos la nuestra.
    • Siempre estar haciendo mil cosas, sin compartir la responsabilidad   de las tareas domésticas con nuestra familia. Y temer que nos quede algo de tiempo libre, pues nos acusarán de ociosas.
    • Sentirnos siempre culpables por hacer otras actividades como asistir a la organización o capacitarnos.
    • Tener miedo de que nos abandonen por no cumplir lo que se espera de nosotras. A veces, sufrimos golpes y maltratos, y callamos pensando que debe ser por nuestra culpa.


Antes que esposas, madres, hijas, amas de casa o enamoradas, tenemos
que sentirnos seres humanos, ciudadanas, personas con derecho a
organizarse, capacitarse, tener un trabajo bien pagado, conocer y vivir
nuevas experiencias, y  ser amadas y tener una familia que nos apoye a
alcanzar nuestros sueños, no a olvidarlos.


 
 

Identidad integral

¿De qué se compone la identidad de las personas?


A menudo, oímos la palabra identidad.  Por ejemplo, al pensar en la cédula de identidad nos referimos a un documento que contiene datos sobre nosotras: el nombre, la edad, dónde nacimos, nuestro estado civil, los nombres de nuestros padres y nuestro nivel de educación.  La identidad no es más que el conjunto de características, de cualidades que tiene cada persona.

En base a un método de Marcela Lagarde, antropóloga mexicana, y a través de un trabajo grupal nos fuimos preguntando sobre nuestras identidades personales, como mujeres.
Cada persona, cada mujer y cada hombre tenemos múltiples identidades que van cambiando a medida que vamos viviendo. Nunca somos las mismas personas que cuando éramos niñas, niños o adolescentes.  Y no seremos iguales después de unos meses o años, porque la vida siempre nos va cambiando.
 

Identidad asignada


Todas las personas tenemos una IDENTIDAD ASIGNADA, que es una identidad que se nos impone, que no depende de nuestra voluntad.  Por ejemplo:
 

  • Nacemos perteneciendo a una clase o sector social.
  • Somos parte de una raza o cultura: indias/os, mestizas/os, negras/os.
  • Nacemos con un sexo de mujer o de hombre e inmediatamente nos asignan una identidad de género.

Autoidentidad


Además de la identidad asignada, mujeres y hombres tenemos una AUTOIDENTIDAD, y tiene que ver con lo que pensamos de nosotras mismas, pero también tiene relación con lo que los demás piensan de nosotras.  La autoidentidad es, entonces:

  • Lo que nosotras pensamos del mundo.
  • Lo que el mundo piensa de nosotras.


Y a menudo, a pesar de que crecemos, cambiamos y tenemos nuevas ideas, el resto de las personas nos siguen tratando de la misma manera:
 

Conflicto de identidades


Muchos de nuestros conflictos personales se deben a los que ya hemos visto en relación a esa identidad asignada y a la autoidentidad.  Por ejemplo hay mujeres que aunque tienen una jornada o más de trabajo en la casa, cuando les preguntan ¿Usted trabaja? responden: “No.  Sólo mi marido trabaja”.

El conflicto que vivimos por estas identidades impuestas es muy grande.  Para comprobarlo podemos intentar responder las siguientes preguntas:
 

  1. ¿Cuántas veces nos hemos sentido inútiles, tontas, tímidas por lo que otras personas han opinado de ti misma?
  2. ¿Podemos recordar ocasiones en que nos han discriminado por nuestro origen racial o cultural, por nuestra condición económica, o por ser mujer?
  3. ¿Hemos visto alguna vez cómo los hombres deben reprimir sus emociones, sus miedos e inseguridades para que no les digan que tienen “poca hombría”?
  4. ¿Podemos recordar cuántas luchas hemos tenido que librar en la vida para que se respeten nuestras decisiones y pensamientos?
  5. ¿Cómo podemos superar los problemas que nos causa esa identidad que nos asigna la sociedad, en contra nuestra voluntad?
  6. ¿Y cómo podemos dejar de tener una autoidentidad que se basa más en lo que los demás quieren y piensan, que en lo que nosotras queremos y pensamos de nosotras mismas?


Hay una manera:  ¡Tomando en nuestras manos el gobierno de nuestras vidas!

Para ello necesitamos construir una identidad elegida por nosotras/os mismas/os:
 
 

Identidad elegida


La identidad elegida se refiere a lo que escogemos ser y hacer, tiene que ver con las oportunidades que podemos tener dentro de la sociedad en que vivimos para crecer como personas, para cambiar nuestras vidas y hacer realidad nuestros sueños.

Aunque nuestra sociedad no brinde muchas oportunidades para el crecimiento, lo más importante es que la identidad elegida depende sobre todo de nuestra voluntad, al responder afirmativamente a la pregunta: ¿Quiero darme la oportunidad de crecer, desarrollar mis cualidades y superar mis defectos, de aprender y hacer nuevas cosas?

Sin organizarnos y hermanarnos, no tendremos aliadas o aliados que puedan apoyarnos para cambiar nuestras vidas y la de nuestras familias; no podremos construir una sociedad de personas iguales. Pero con la ayuda de otras personas que nos motiven, nos enseñen o que nos muestren sus experiencias, sí podemos hacer realidad lo que hemos elegido ser.

Por eso, una de las razones de defender nuestras organizaciones es que nos permiten cambiar, crecer y soñar.  Y poco a poco, nos animan a luchar incansablemente para que nuestras familias: marido o esposa, hijas e hijos, padres y madres, respeten y compartan las cosas que vamos haciendo, los cambios que vamos dando, escuchando, dialogando, haciendo acuerdos.
 
 

Nuestro crecimiento personal significará el
crecimiento de las personas que amamos.

Debemos aceptarnos para poder aceptar, amarnos
para amar, respetarnos para poder respetar.






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Jhon Alfredo Orellana: ECU/98/05